¿Cómo hacer periodismo en una dictadura?

No avalemos, aceptemos ni toleremos la censura, tampoco el pensamiento único ni el periodismo sesgado, porque “la censura es la negación del periodismo y la autocensura es la negación del periodista”. Informar no es delito y opinar tampoco lo es.

Los derechos y las garantías constitucionales no se negocian. Se ejercen. ¡Vivan la democracia y la libertad que pronto recuperaremos!

En medio de una tiranía donde los que mandan pisotean  y escupen la Carta Magna, e imponen la fuerza de las armas, en tal escenario de arbitrariedad y autoritarismo, el periodismo hay que ejercerlo con la verdad por delante, porque ésta y no la mentira, es la premisa básica e indispensable del periodismo serio y responsable; ajeno a las pretensiones de propaganda partidista y de guerra, de ideologización y manipulación de los actuales dictadores de Venezuela y de los verdugos que les sirven.

“Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura”, tal cual lo consagra el artículo 58 de la Constitución Nacional; esa que, mayoritariamente, el pueblo aprobó en el referendo del domingo 15 de diciembre de 1999; pero que 18 años después ya no le es útil al régimen.

Además del apego a la verdad y la ética que en todo momento, lugar y circunstancia deben guiar y acompañar el ejercicio del periodismo, también es fundamental muchísima valentía y amor por la libertad, por la democracia. Sin miedos ni temores frente a quienes acosan y reprimen a los ciudadanos que opinan y piensan distinto.

Tenemos que defender el deber y el derecho del periodista a informar, y resguardar el sagrado derecho del pueblo a permanecer informado. Garantía prevista en el artículo 57 de la Carta Magna: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura”.

He aquí una palabra clave: “censura”. No debemos permitirla, aceptarla ni tolerarla, porque “la censura es la negación del periodismo y la autocensura es la negación del periodista”. Asimismo, digámosle “no” al periodismo sesgado; a ese que dibuja y pinta a Venezuela como si fuese la “Isla de la Fantasía” o “Alicia en el País de las Maravillas”.

A los funcionarios que integran la “nomenclatura” de los regímenes despóticos y totalitarios, similares a las monarquías de antaño; siempre les irritan, molestan y desagradan las informaciones y las noticias que no encubren sus engaños ni apoyan los atropellos contra los derechos humanos. Triste y lamentablemente, la historia de la humanidad está plagada de innumerables y horribles abusos de poder.

Por eso, hoy más que nunca, la conducta respetuosa hacia las leyes que otros vulneran, hemos de tenerla clara y aplicarla quienes hacemos periodismo en una dictadura, en ésta padecida por los venezolanos que carecen de alimentos, de medicinas, de seguridad física, de protección jurídica y eficientes servicios públicos. Sin embargo, pese al desastre, seguimos informando y trabajando.

Los periodistas y comunicadores sociales que amamos y defendemos la democracia y las libertades, igual que el resto de compatriotas honestos y emprendedores, tenemos derecho a informar y opinar, porque “informar no es delito y opinar tampoco lo es”.  

Eso lo entendemos y practicamos en el plano profesional y gremial. Las garantías constitucionales no se negocian ni se ceden. Se ejercen y cumplen.

Al describir los propósitos del Colegio Nacional de Periodistas, según el artículo 5 numerales 5 y 6 de la Ley de Ejercicio del Periodismo, al gremio le corresponde: “Salvaguardar la libertad de expresión, el derecho de información y el derecho a la información. Contribuir al fortalecimiento, ampliación y profundización de la democracia en Venezuela”.

Y por lo que hoy acontece en Venezuela, esos fines continúan más vigentes que nunca. No olvidemos que los tiranos pasan, también los esbirros que les obedecen; pero los periodistas decentes quedan. ¡Amén!

Jesús Segovia / CNP 7.635.-

 

 

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