Diferencias en el sexo entre los EEUU y Europa contadas por chicas americanas

Un fenómeno universal es la reticencia de los hombres a ir a por un condón o incluso a llevar uno encima

La autora / Vice.com

El acto de tener sexo es dinámico y está condicionado por el contexto sociocultural. Aunque hacer un croquis de la sexualidad mediante rasgos raciales o étnicos es peligroso (los estereotipos, que siempre son malos, son especialmente dañinos en Estados Unidos), la manera en que follamos y hablamos sobre follar varía de forma entre ligera y drástica de un país a otro.

Inundados por medios específicos de determinado sitio, estilos de porno y leyes extrañas, los diferentes países crean diferentes normas sociales… Y diferentes protocolos para enrollarse.
Algunos estudios han tratado de discernir las tendencias sexuales del mundo.

Un estudio realizado por Durex entre 2005 y 2009, por ejemplo, descubrió que el lugar donde las personas tienen relaciones por primera vez a la edad más temprana es en Islandia, con una media de 15,6 años de edad. Y Grecia encabezaba la lista de ciudadanos que tenían más sexo cada semana: el 87 por ciento de los griegos se ponía manos a la obra al menos con la misma frecuencia con que tú puedes hacerte con un ejemplar de la revista Diez Minutos. (En lo referente a la satisfacción sexual, el 67 por ciento de los nigerianos encuestados dijo que estaba satisfecho con su vida sexual, en comparación con el 15 por ciento de japoneses).

Sin embargo, normalmente las investigaciones sobre sexo son más específicas. Según un comunicado de prensa emitido por el sitio web Adult Empire, por ejemplo, que recientemente examinó las tendencias sexuales en Croacia, el país ocupa el puesto 57 en el ranking mundial de consumo de porno. El domingo es el día más popular entre los croatas para ver porno, cosa que hacen durante una media de cuatro minutos y cinco segundos (Su categoría favorita: «Todo chicas/Lésbico»).

Grecia encabezaba la lista de ciudadanos que tenían más sexo cada semana: el 87 por ciento de los griegos se ponía manos a la obra al menos con la misma frecuencia con que tú puedes hacerte con un ejemplar de la revista Diez Minutos

Hablando con muchos hombres y mujeres para este artículo surgieron algunos temas. En lo que respecta a cómo se enfoca el sexo en la sociedad en general, en contraste con los encuentros individuales, los europeos parecen más abiertos. Como anécdota, Megan Wozniak, directora de marketing en Adult Empire, siempre dice que ve diferencias enormes entre países e incluso a veces entre continentes.

«En mis viajes he visto que los europeos parecen ser mucho más promiscuos y abiertos con respecto al sexo», dice. «Tiendo a ver muchos más sex shops en centros comerciales y en calles céntricas. Es mucho menos tabú y se oculta menos que en EE. UU. Además, la desnudez es aceptable y normal, desde las playas hasta la televisión».

Al mismo tiempo, muchas mujeres norteamericanas hetero me dijeron que el sexo que han tenido en Europa ha sido más comedido y conservador, siguiendo el guion del hombre como instigador/dominante y la mujer como lo contrario.

El domingo es el día más popular entre los croatas para ver porno, cosa que hacen durante una media de cuatro minutos y cinco segundos

Y lo que es más, bastante mujeres me dicen que los tíos con los que se han enrollado en Europa y en otros lugares del extranjero eran menos propensos a practicar o pedir sexo oral, lo que refleja exactamente mi propia experiencia.

«Esa fue la única similitud inusual que encontré: ninguno de los tíos pidió u ofreció sexo oral ni demasiado juego previo en general», me dijo una mujer sobre haberse enrollado con hombres de Francia y el Reino Unido. «Tengo una amiga que me dijo que es una especie de norma europea, porque el sexo oral se considera más íntimo que el sexo normal, de modo que se reserva para relaciones más serias. No sé si esto es exactamente así o no, pero me pareció interesante que ninguno de los tíos me presionara para que le practicara sexo oral y siempre fueran directos a la penetración. [En Estados Unidos] da más la sensación de que el sexo oral es normalmente un paso previo al sexo vaginal/anal».

Lo mejor que podemos hacer es contemplar nuestras historias sexuales interculturales como lo que son: anécdotas súper específicas que pueden decir algo sobre el país en el que se ambientan o no

Por otra parte, otras mujeres afirmaron que parecía que los hombres europeos a menudo esperaban recibir mamadas de las mujeres norteamericanas (en ocasiones es una de las pocas palabras en inglés que conocen). «Los hombres franceses tenían una inusual fluidez con respecto a la terminología en torno a las chupadas de polla», me dijo una mujer norteamericana que estudiaba en París. «Pero aparte de eso no podían comunicarse mucho más».

Una amiga que acababa de tener sexo con un hombre en el sur de Francia hacía unos pocos días me dijo, «Tengo la sensación de que estaba bastante impactado por el sexo. No paraba de exclamar cosas como»

Wow’. Me dijo que yo era muy especial, muy excepcional, como si no estuviera acostumbrado a que las mujeres tomaran la iniciativa en la cama». Y como en cualquier otra situación en el extranjero, la barrera del idioma puede ser un problema. «Además, me dijo ‘te quiero’ como cuántas, ¿dos veces?», continuó mi amiga. «Pero también podría ser un error de traducción por mi parte».

Bastante mujeres me dicen que los tíos con los que se han enrollado en Europa y en otros lugares del extranjero eran menos propensos a practicar o pedir sexo oral

Una mujer queer norteamericana que ha pasado varios años en París, por otra parte, dice que ha presenciado un poco más de fluidez con respecto a los roles. «Las relaciones queer femeninas aquí no tienen una diferenciación tan grande de género como en Estados Unidos», dijo. «No ves muchas lesbianas butch / femmeni parejas entre una mujer masculina y una mujer femenina, en comparación con EE. UU.».

Un fenómeno que es relativamente universal, al menos según las mujeres con las que hablé, es la reticencia de los hombres a ir a por un condón o incluso a llevar uno encima. Y además, cuanto más pequeña sea la localidad, menos probabilidades hay. Hace algunos años yo vivía en una ruinosa ciudad medieval en una montaña a las afueras de Nápoles, Italia. Una vez, cuando me estaba enrollando con un tío de allí, le pregunté si tenía un condón. Parecía confuso. «Pensé que tú tendrías alguno», me dijo. «Este es un pueblo pequeño. Si voy a la farmacia a comprar condones, todo el mundo lo sabrá». Yo le mandé a su casa.

vice.com

 

 

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