Un niño murió tapiado por alud

Estuvieron a poco de rescatarlo, lo escuchaban gritar, estaba vivo. Pero de pronto la tierra cedió más y toneladas de escombros lo alejaron de los brazos de su madre. Múltiples equipos de distintos cuerpos de seguridad se presentaron para ayudar, la comunidad con picos y palas acompañó la labor hasta que lo vieron sin vida.

9 horas, duro la búsqueda, remoción de escombros y tierra para dar con el cuerpo del niño. / Foto: Cortesía @Diario_Tiempo

Glenda Montilla llegó la madrugada de ayer a su casa en Brisas de Mesa Alta en La Beatriz, Valera, viajó a la frontera para buscar mercancía para su negocio. Por la mañana, su vecina empacó y sacó los enseres, se iba del lugar porque sentía que la tierra cedía, le dijo que se fuera también, estaban advertidas de que vivían en zona de riesgo.

Pero Glenda, después de 10 años residenciada en el lugar, no creía que pudiera perder su casa, ni mucho menos a un miembro de su familia en esas circunstancias, a pesar de que tuvo una pesadilla premonitoria y de que sus hermanas insistían en la mudanza.

“Panchito”, su hijo menor, estaba en su habitación viendo televisión mientras ella hacía los oficios de la casa. Un estruendo los sorprendió y corrieron para resguardarse. El niño de 10 años se escondió bajo su cama, la madre se resguardó cerca de una puerta.

La tierra cedió y cubrió parte de la vivienda. Ella lo llamó y él respondió: ¡estoy bajo la cama! Los vecinos se asomaron y al ver que parte de la vivienda estaba tapada por la tierra fueron a ayudar. El niño les indicó dónde estaba y esperaba por el rescate cuando de pronto la tierra cedió mucho más. Y destrozó la vivienda, quedó bajo toneladas de barro, al igual que el niño.

Diferentes unidades de bomberos y Protección Civil, trabajaron sin descanso hasta dar con el cuerpo de “Panchito” / Foto: Cortesía @Diario_Tiempo.-

Pico y pala

Los adultos pudieron zafarse, pero no abandonaron el sitio, tenían que sacar al niño. Llamaron al equipo de rescate del Cuerpo de Bomberos, llegaron en pocos minutos y buscaron picos, palas y escardillas para remover la tierra. Pidieron refuerzos, los hombres de la comunidad se acercaron y se turnaron para ayudar.

Las mujeres buscaban agua para los hombres, ayudaban a sacar los enseres de la vivienda. Glenda conservaba la calma y estaba atenta para dar lo que necesitaran los hombres. Su otro hijo llegó, se colocó un casco y ayudó a los hombres a remover la tierra, estaba desesperado por sacar a su hermano.

El padre de los niños, Jhonny Valbuena, se descompensó, lo llevaron a un centro de salud para estabilizarlo, cuando se recuperó volvió al sitio para ayudar, daría todo para recuperar a su pequeño.

El equipo de Protección Civil llegó para ayudar a los bomberos, funcionarios de la policía también se presentaron. El sol se ocultaba y los funcionarios iniciaron la instalación de lámparas y reflectores, reconocían que aún faltaba mucho para llegar al niño. Por instantes pedían a gritos que la muchedumbre guardara silencio, llamaban “Panchito” -¡Francisco Javier!- querían escucharlo para saber por dónde ir.

No había respuesta, pero la esperanza estaba latente. Cuando la noche cayó la familia inició oraciones, los funcionarios usaron una motosierra para romper los escombros y removerlos, pedían a quienes no ayudaban retirarse para no presionar más o evitar que cediera más la tierra.

 

Bajo escombros

Cerca de las 10 de la noche, visualizaron su cabeza bajo escombros. Yacía boca abajo contra la tierra. Un médico en el sitio se acercó a revisarlo, con la mirada desanimó al resto de los uniformados y le dijo a su madre que el niño estaba muerto. Allí se perdió la calma, los gritos y el pesar materno derramaron las lágrimas de otros.

Con las esperanzas de que pudieran reanimarlo, muchos aguardaron a que sacaran su cuerpo. Funcionarios del Cicpc acompañaron al equipo del Senamecf para levantar el cadáver y trasladarlo a la morgue de Valera para la necropsia de ley. Un centenar de personas los acompañó hasta la salida del zanjón, sumidos en dolor y un silencio sepulcral. Brisas de Mesa Alta llora a “Panchito”.

Vivir en riesgo

Un funcionario de Protección Civil comentó que en el año 2001 advirtieron sobre la inestabilidad de los terrenos para la construcción, no era adecuado, aún así muchas familias se establecieron en el sitio. La instalación de tuberías improvisadas para surtirse de agua provocó un desagüe, cada vez que llovía las familias temían por sus vidas, pero no tienen a dónde ir. La tragedia que los sacudió ayer los deja en vilo.

Diario de Los Andes.-

 

 

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